Al igual que en el resto de lugares por donde corrió, el recibimiento que los hondureños dieron a Fujiyama en Omoa fue verdaderamente apoteósico. Como si fuera un héroe de la comunidad, los habitantes de este pintoresco lugar se volcaron para recibir al japonés con una gran hospitalidad.

Entre las muestras de afecto más destacadas, una humilde abuelita le regaló un nacatamal, un platillo tradicional hondureño, seguido por una mujer que le ofreció agua de coco, refrescando su agotado cuerpo tras la larga travesía.

Actos de generosidad que tocan el alma

El conmovedor recorrido de Fujiyama continuó dejando tras de sí una estela de actos de generosidad. Un residente local le obsequió una bebida energizante para impulsarlo en su ardua carrera. A su vez, una mujer le compartió un refrescante coco, brindando un merecido alivio al incansable viajero.

Además, un emprendedor de la zona contribuyó con una deliciosa "burrita", un manjar que Fujiyama disfrutó con gratitud.

Lágrimas de gratitud y compromiso

Estos gestos desinteresados de amor y apoyo no pasaron desapercibidos para Shin Fujiyama, quien en un momento de profunda emoción y gratitud, no pudo contener sus lágrimas. Entre sollozos, expresó: "Me derramaron las lágrimas de ver tanta gente que me está apoyando y agradezco a cada persona que está creyendo en los niños de Chamelecón".

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